Los nuevos miembros de mi familia

Los nuevos miembros de mi familia

Aún recuerdo cuando aterricé en Nairobi. Mi compañero de vuelo, un keniano que me habló de mil sitios a los que tenía que ir, cuando nos bajábamos del avión se giró y me dijo: “bajo ningún concepto vayas a los slum”. En ese momento los nervios, la incertidumbre y las ganas que tenía de vivir aquella experiencia se convirtieron en una sensación de cierto miedo.

Pasados los meses recordaba sorprendida aquella conversación en el avión. Ya conocía de cerca Kibera (uno de los mayores slums de África) y para mí era un sitio caótico pero lleno de vida, música por todas las esquinas, negocios, plagado de peques uniformados de los coles de la zona, sonrisas a todas horas, miradas cómplices… Y, tras este pensamiento, reflexioné que hay muchas personas que no conocen Kibera ni su verdadera realidad, que lo juzgan y desconfían simplemente por el hecho de ser un slum.

Sí, Kibera también es un lugar donde la gente vive en condiciones precarias, formado por montañas de basura y ríos de agua negra pero, me niego a quedarme con esa imagen porque lo que yo he experimentado allí es mucho más. Para mí Kibera ha sido un lugar donde he vivido una de las mejores experiencias de mi vida y donde han aflorado maravillosas emociones cada vez que dejaba de lado la carretera de Langata para meterme en el riachuelo camino a Kibera. En ese momento empezaba a escuchar a lo lejos a todos los niños gritando “How are you?”, cada uno a su manera y con nuevas versiones todos los días; sábados de talleres en el Cinemax;  niños acompañándonos cantando y bailando; la inauguración del terreno en el que se está construyendo el nuevo colegio Grace Humanitas; los primeros momentos de las obras, graduaciones, comidas en el “Hilton”… Tantos y tantos momentos que no olvido…

Pero si algo me marcó de aquel slum es, sin ninguna duda, las ganas que tienen los kiberianos de hacer de su hogar un lugar mejor. Sea como sea por fuera, lo cierto es que la gente de Kibera te acoge como uno más y eso se agradece mucho

Al poco tiempo de llegar ya empecé a sentirme como en casa. Esto sucedió, inicialmente, gracias a mis compañeros de KUBUKA que lograron que el proceso de adaptación a una nueva cultura fuera muy fácil. Y poco después, te adentras en Kibera, en los proyectos y se convierten en parte de ti.

He tenido la suerte de formar parte de Made in Kibera(MIK), un estudio de grabación musical y audiovisual cuya función es mejorar la situación y empoderar a su comunidad a través del arte, una de mis pasiones.

Además de trabajar en diferentes aspectos codo con codo con los miembros de MIK: Phlexi, Geoffrey, Erik y Simon, este proyecto me encantó porque me permitió pasar tiempo con los jóvenes de la comunidad.

También estuve apoyando el resto de proyectos de la ONG de manera audiovisual y, por supuesto, volviéndoles locos cada vez que me veían aparecer con la cámara.

Tras la jornada laboral en Kibera, volvía a casa y a seguir disfrutando. De mi pequeña gran familia de Langata (casa de KUBUKA) me quedo con todas las carcajadas, las noches en familia, las luchas contra los monos, los martes locos, los “what a day”, los matatuteros, las clases inesperadas de swahili, los noodles que solucionaban la cena, los días atrapada en Kibera por la lluvia, los apagones de luz, las cascadas de Langata Paradise, las acampadas, los jueves de conciertos, los concursos de galletas…, y podría seguir mencionando momentos pero entonces esto no llegaría a su fin.

Para mi esta ha sido una etapa que me ha marcado y me ha hecho crecer. Las últimas semanas se me hicieron cuesta arriba porque ya sabía que me iba y que no volvería para quedarme un tiempo largo, si no que mi próxima vez allí estaría de visita. Ha sido muy difícil ver que mi etapa estaba acabando y que aunque no quisiera era momento de ir despidiéndome de esa gente que me había abierto las puertas de su vida, de su casa y con la que he compartido muchos momentos especiales que serán imposibles de olvidar.

Mi intención era aportar todo lo que pudiera pero al final recibí mucho más de lo que yo pude dar.

Me han enseñado a disfrutar del momento y del “estar” y olvidarme de lo que viene después porque en Kenia el tiempo no lo marcan las agujas del reloj.

No sé explicar en palabras qué ha supuesto para mí toda esta aventura, pero lo que sí os puedo decir es lo que me llevé de allí, UNA GRAN FAMILIA.

Itziar Álvarez Suñé, voluntaria de KUBUKA

3 Comments
  1. Buenos días Itziar Álvarez Suñé,
    Me ha emocionado leer tu pasaje, y me produce admiración a la vez que bastante envidia tu experiencia. Siento devoción por Kenia y en particular Kibera. Llevaba ya unos días pensado en contactar con el personal de Kubuka para ver si había alguna posibilidad de ayudar en particular con el tema de Kibera, y serán cosas del destino que justo ahora mientras me tomaba un café de mañana de Domingo mientras mi peque duerme voy y me topo con este relato, que es uno de los más inspiradores que he leído en mi vida. Te voy a buscar por las redes sociales y por otro lado voy a esperar a ver si alguien de Kubuka me contacta a ráiz de este post
    Saludos, enhorabuenas, mucha energía a toda la comunidad Kubuka y espero de alguna manera poder entrar en vuestra familia para aportar mi granito de arena.

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